No lo creía. Pero sabía que era la única manera de mantener la cohesión social. La única forma de que los suyos se repartieran las tierras equitativamente con el visto bueno Real, y de que el estamento religioso no pusiera el grito en el cielo (nunca mejor dicho) con la moralidad. A fin de cuentas, ellos también se llevaban un buen pedazo. Y el pueblo... Bueno, al pueblo siempre le había ido bien el palo. Así que como Chambelán lo confirmó a viva voz:-El poder del Rey reside en la gracia de Dios.
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