lunes, 8 de junio de 2009

Historias reales

De estar postrada en la cama a montar en bicicleta:

Angela, una entusiasta de la natación y la bicicleta, persona activa en su comunidad religiosa, sentía que su trabajo como enfermera geriátrica la llenaba por completo. Cuando Angela tenía 44 años comenzó a sufrir de dolores en los pies. Le dolían tanto que no podía caminar. Sufría de adormecimientos, hormigueos y calambres constantes. Angela se encontraba en un estado constante de lo que describía como un “dolor atroz”.
En un intento por controlar el dolor, Angela tomó casi todos los analgésicos disponibles. Además, su estado la llevó a probar numerosos fármacos antidepresivos y anticonvulsivos. Pero el dolor continuó y al final aumentó hasta un punto en el que Angela tuvo que dejar su trabajo como enfermera y aceptar un puesto administrativo. Incluso entonces, necesitaba una silla de ruedas para desplazarse en el trabajo. Y en casa, Angela se sentía atada a la cama.
En un intento por controlar el dolor, Angela tomó casi todos los analgésicos disponibles. Además, su estado la llevó a probar numerosos fármacos antidepresivos y anticonvulsivos. Pero el dolor continuó y al final aumentó hasta un punto en el que Angela tuvo que dejar su trabajo como enfermera y aceptar un puesto administrativo. Incluso entonces, necesitaba una silla de ruedas para desplazarse en el trabajo. Y en casa, Angela se sentía atada a la cama.
Cuando el dolor se volvió insoportable, Angela acudió a la Florida Spine Clinic y fue derivada al Dr. Ashraf Hanna. Él le sugirió la estimulación medular eléctrica (EME). Respecto a la EME, Angela comentó: “Hubiera intentado cualquier cosa. Y realmente no tenía miedo”.
“Le implantaron el sistema EME un jueves. El martes de la semana siguiente, la diferencia era abismal. “Pasé de estar postrada en la cama y no poder hacer nada a poder hacer casi todo lo que quería... ¡en menos de una semana!”
¿Cómo ha cambiado la terapia EME la vida de Angela? “Me acabo de casar hace siete meses, sinceramente no creo que lo hubiera podido hacer de no ser por este dispositivo. Aparte de mi marido, la EME es lo mejor que jamás me ha pasado. Me ha devuelto la vida. Puedo realizar cosas en casa que antes no podía, como cocinar o realizar las tareas del hogar. Cuando me siento bien, puedo caminar más de 4 km. ¡Incluso puedo volver a montar en bicicleta!
La vida de Angela ha cambiado gracias a la terapia EME. Los analgésicos que formaron parte regular de su rutina diaria se han reducido notablemente, a un solo medicamento.
Según su nuevo marido, Harold, la diferencia en Angela es sorprendente: “Como de la noche al día. El sistema EME ha significado una gran diferencia en nuestras vidas. Se siente estupendamente. Realmente la ha ayudado mucho. Ha sido magnífico lo que ha aliviado su dolor y sufrimiento, pero incluso su movilidad es mejor que antes”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario