lunes, 8 de junio de 2009

Historias reales


Amparo está disfrutando de su edad dorada como nadie. Vive en la residencia de las Religiosas Angélicas de Valencia desde hace diez años y ha sido maestra y misionera en Venezuela, en las ciudades de Caracas y Maracaibo. Amparo sabía que quería estar acompañada cuando fuera mayor, y había recibido una educación religiosa en su familia, por lo que entrar en la residencia no fue una elección difícil. “Aquí tengo libertad para hacer mis actividades e intimidad, ya que tengo un cuarto para mi”. Hace diez años, la condiciones materiales no eran tan buenas. Con el tiempo, la residencia ha podido incorporar a una psicóloga “que organiza actividades y, mediante juegos y dinámicas nos ayuda a mantener la memoria”. Actividades que no sólo se limitan a ejercicios mentales, sino también excursiones, visitas a monumentos, etc. Todo ello organizado para las 170 personas que viven en la residencia.Amparo, junto a casi cien de los residentes, pertenece a la rama laical de las Religiosas Angélicas. Éstas les prestan acompañamiento, con charlas y ejercicios espirituales, y formación religiosa en general. “Hacemos mucha vida espiritual y cultural en la residencia”, nos cuenta. Además, dedica su tiempo a dar catequesis a niños en una parroquia cercana, ya que “formar a los niños en amar a Cristo es muy importante: lo que se aprende de niño no se olvida”.

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