No ha habido civilización o pueblo, etnia o familia, individuo o planeta, que no se haya creído es de forma “natural” el centro del mundo.Los griegos tenían una palabra para eso: “omphalos”, que ha llegado a nosotros transformada en ombligo. La utilizaban para nombrar el sitio donde estaba situado, con sus vapores narcóticos, el oráculo de Delfos, su conocido santuario donde los sacerdotes interpretaban el mundo al transferirle un orden sacralizado que bien visto, no era sino producto de una auténtica y colosal borrachera. Pero no creo que fuera tanto la borrachera de aspirar gruesas volutas del humo de… cebada, cáñamo, laurel (seguro que hubo “malas” mentes que pensaron otra cosa). También considero que fueron víctimas de una borrachera mayor, aun más perseverante y noqueadora: la borrachera que produce el mero creerse ombligo, la ombliguitis.La ombliguitis es, digan lo que digan, una trágica constante a lo largo de toda la historia, así como fugarse de ella la rebelión de intención didáctica de muchos de los enfermos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario