lunes, 8 de junio de 2009

Historias reales

Caminar con paso firme

“Disfrutaba practicando deportes, especialmente el racquetball. Cuando comenzó el dolor, me hubiera gustado simplemente pasar la noche sin ese insomnio por el dolor”.
Dos lesiones diferentes cambiaron la vida de Ed. A principios de la década del 80, mientras valoraba una vivienda para una empresa de seguros, Ed se lesionó el cuello al atravesar una estrecha entrada y levantarse demasiado pronto, con lo que se golpeó las vértebras superiores contra el marco de la puerta. Posteriormente, ED complicó esta lesión cuando se lesionó la espalda al intentar arrancar una cortadora de césped.
Al poco tiempo de lesionarse la espalda, Ed comenzó una serie de intervenciones para corregir los daños provocados por ambas lesiones. En los siguientes siete años, sufrió seis laminectomías y una fusión. Tras cada operación, el dolor remitía durante algunos meses, pero, sin excepción siempre volvía a aparecer.
Finalmente el médico de Ed le habló de la neuroestimulación. Cuando conoció esta opción, Ed no se sintió intimidado, de hecho estaba dispuesto a probar cualquier cosa que le aliviara el dolor. Así que Ed se presentó para una estimulación de prueba.
¿Los resultados? “¡Qué gran sensación! Inmediatamente pude notarlo bajar por las piernas y aliviar el dolor”. Ed no tardó mucho en apreciar la diferencia que significaba la neuroestimulación en su vida. Despidió al jardinero y comenzó a usar la cortadora de césped él mismo. También comenzó a caminar unos 3 km diarios. Según Ed, “Me siento mejor de ánimo” y la mujer de Ed añade entre bromas, “¡Ya no se queja tanto como antes!”

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