Resulta muy extraño escribir sobre esto. Hace apenas un mes me hubiera parecido imposible. Pero de la misma manera que el arte copia de la vida, la vida que llevamos, de maneras inesperadas busca imitarlo —hora en sus grandes enseñanzas, hora en su falta radical de sentido, a veces en las dos vertientes a la vez…Hubo un tiempo, un largo tiempo, en que observé con sospecha la cantidad de saliva que se iba en Cuba hablando de las fracturas, de los rencores, de la nostalgia, de cómo se extrañaba, de las ausencias, del vacío… de la emigración. Todo aquello me tenía hasta el último pelo. Miles de canciones, miles de leyendas, miles de gente haciéndose las víctimas… ¡Por Dios! A Carlos Varela, que solía recibir mi adoración, ya no podía soportarlo. Todo tenía que ser un gran bluff. La gente se va y viene. Todos no vamos, o venimos. Y si no venimos es porque no nos da la gana. No hay más que eso.
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