lunes, 8 de junio de 2009

Historias reales

Mamá ha vuelto

“¡Quiero que vuelva mi mamá!” Estas eran las palabras que Joni escuchaba una y otra vez de sus dos hijos. Nathan de 11 años y Leah de 7 que no podían entender por qué su mamá había cambiado tanto.
En el pasado, una mujer activa, estudiante universitaria para graduarse como psicóloga infantil, Joni era vital y se sentía feliz. Todo aquello cambió en julio de 1998. A Joni se le diagnosticó una rotura de un disco vertebral y sufrió tres intervenciones por hernia de disco en los dos años siguientes para tratarle la afección. Las primeras dos intervenciones no tuvieron éxito y la tercera dejó a Joni con un dolor que ella misma describió como “constante e incontrolable”.
Al poco de las intervenciones, Joni comenzó un tratamiento con analgésicos que le produjeron “un hundimiento emocional”. Sufrió pérdida de memoria y su rendimiento en la facultad comenzó a verse afectado. Según Joni, lo peor era su incapacidad de cuidar de sus hijos, especialmente de su hija Leah, que padece parálisis cerebral y necesita atención especial.
El médico de Joni, el Dr. Padda, le recomendó la estimulación medular eléctrica (EME). Al principio Joni no mostró interés en la intervención. No le interesó hasta que vio un vídeo informativo y reflexionó sobre su vida con el dolor y los analgésicos, entonces decidió probar la terapia EME. En abril de 2001, el estimulador medular eléctrico de Joni quedó definitivamente implantado.
Ahora, Joni ya no necesita analgésicos y logra entre un 80 y 90% de alivio del dolor. Sus amigos y vecinos le preguntan a menudo “¿por qué estás siempre sonriendo?” Su respuesta: “Me están dando un masaje continuo”. Según Joni, eso es exactamente lo que siente gracias a la estimulación para tratar su dolor: un masaje.

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